La donna húngara

Desde hace un tiempo empecé a observar con atención la expresión de piedad y martirio de las estatutas de las vírgenes en las iglesias. En general todos los íconos eclesiásticos tienen la misma mirada y casi no se advierten matices en esos rostros. No fue sólo esa mi motivación de entrar a la iglesia franciscana ( Pesti ferences templom) en Budapest. Llegué a ella para rezar, pero empecé recorriéndola y tocando sus gélidas paredes y butacas, donde imagino desde hace ya siglos se han apoyado tantas personas, para orar en una lengua tan distinta, sobre los mismos pesares y temores, que nos acongojan a todos. Las iglesias albergan más sufrimiento que alegría y no podría ser de otra manera, a pesar de los matrimonios y bautizos.
Apenas pude despegar mi mirada del púlpito en el que se sostiene un curioso y solitario antebrazo esculpido quizá en madera, para advertir que una mujer delgada de mediana edad me observaba a su vez a mí desde una banca. Sin prestar mucha atención me incliné a rezar. No éramos muchos esa tarde de sábado en la iglesia húngara. ¿Puedo llamarle así? Suena más adecuado decir iglesia católica, pero me gusta ese gentilicio, siento que tiene una musicalidad dramática. De mi oración me desviaba a ratos la mirada de la seῆora, pero era discreta, como lo era la iglesia, que pese a su estilo barroco guardaba una sencillez casi parroquial. No me incomodé por la seῆora, atribuí su atención a lo inusual que puede resultar mi aspecto en estos lugares, después de todo la bella Budapest aún permanece a salvo de las hordas turísticas. Luego de un momento me levanté para unirme al resto de los estudiantes de Heidelberg que ya debían estar de vuelta de los baῆos termales. Era nuestra última noche en Hungría.
Cuando ya me encaminaba hacia la salida, la mujer se levanta, acelera el paso y me alcanza. Con una expresión amable me entrega tres medallitas de la Virgen María. Le pregunté algo en inglés y ella responde “donna” indicándome las medallitas . Le agradecí y luego ella retornó a su banca para reanudar su oración. No pude evitar devolverme, tocarle el hombro y agradecerle nuevamente, ella me sonrió cerrando delicadamente sus ojos. Las medallitas me acompanarán toda la vida por la hermosa casualidad de este encuentro lleno de bendición en un lugar tan lejano. Muchas veces pienso en aquella “donna” húngara e imagino avanzar su vida paralela a la mía. Köszönöm.
Eva

Debiera llamarla Eva, porque ella sí que esconde una manzana, pero para mí Eva es más bien la mujer que induce seductora al pecado, y no mi gordita golosa que mira con algo de temor a ser descubierta en su dulce pecado original.
35 cm.
Dama de Cabaret II

Ella es Eva y no tiene manzana, porque ya se la comió. Tampoco está arrimada a un árbol, sino que sentada en su trono de hierro, con rostro solemne llama a la noche.
DOS: Sólo pienso en ti

Dos, un nombre redondo para mis mujeres curvilíneas que están hechas literalmente la una para la otra.
Sólo pienso en ti, porque cuando uno ama la razón sucumbe ante las formas inexplicables de este sentimiento, y porque simplemente se impuso el estribillo de una antigua canción que no me abandonó mientras modelaba a mis gorditas.
2.02.02.
Sol
Me he resignado a que el frío congele mis manos, parta mis labios y atraviese mi ropa, y a que la lluvia impertinente estropee mis planes, pero sin luz, sin ella una especie de "deSOLación" se anida en mi alma y a eso no me puedo acostumbrar. Hace ya más de diez días que el sol no se asoma por Heidelberg. A esto sumo las escasas horas diurnas y es como si viviera en una permanente noche. Salgo en la mañana y está oscuro, regreso en la tarde y nuevamente está oscuro. De paso me pregunto cuánto puede modelar el clima el carácter de las personas o de los pueblos. Lo cierto es que hace días que no río tanto, aunque sé que aquí mis cercanos dirían lo contrario.
Mi gordita es de otra estación, sus redondeces iluminadas por esos rayos cálidos la hacen lucir a ella misma como un solcito, ese que me hace tanta falta por estos días.
Waiting in vain

¿Cuánto tiempo podrá esperar? Quizá hasta que la pena acabe por partir su fragilidad en dos. Alguna vez estuve tratando horas de descubrir entre los transeúntes la figura de mi amor, imaginando sus pasos y que un milagro lo trajera a mí....la versión de Annie Lennox de "Waiting in vain" me hizo evocar la desoladora sensación de la espera inútil y del amor no correspondido.
Dama de Cabaret

Se me ocurre que ella es una liberal berlinesa de los años 20, quizá una de las bailarinas del Club "Kit Kat" de Bob Fosse. A veces recorro los Flohmarkts y descubro musas olvidadas en fotos amarillentas y resquebrajadizas. Me parece que esas mujeres con miradas frías y lánguidas, escondían el ardiente anhelo de escapar de los convencionalismos de la época y vivir la vida como en un Cabaret. Se sabe que durante las guerras mundiales, muchas amas de casa aprovecharon la partida de sus maridos al frente para liberarse del yugo machista y asumir las tareas y placeres reservados al hombre. Algunas se hicieron asiduas a clubs y locales nocturnos, no sólo para divertir, sino que esta vez para divertirse.
"What good is sitting alone in your room
Come hear the music play...life is a Cabaret old chum"
(L. Minelli- "Cabaret" de Bob Fosse)